Don Miguel Hidalgo y Costilla, un cura poco común
La participación de Miguel Hidalgo en la guerra de independencia que dio origen a México, constituye una de las historias más fascinantes de nuestra ya de por sí apasionante y compleja historia patria.

Era don Miguel un cura de pueblo, del de San Felipe Torres Mochas primero y, posteriormente, de Dolores, en la Intendencia de Guanajuato. Pero no era un cura común y corriente. Era un sacerdote poco común, que había convertido su curato en un lugar en el que sucedían cosas importantes, por no decir insólitas, para la comunidad.

Las pasiones de don Miguel

Hidalgo era un letrado, un hombre de su tiempo, que lo mismo era conocedor de la teología, que de la teoría del estado, la literatura, el arte y la historia de la humanidad. Es decir, era un hombre que buscaba comprender el tiempo en que vivía.

El teatro era una de sus pasiones, lo que lo llevó a poner en escena, con algunos de los habitantes de su parroquia de San Felipe Torres Mochas, el Tartufo, obra de crítica social de Moliere. Disfrutaba también de las creaciones literarias de Jean Racine, dramaturgo francés del siglo XVII, y de Marco Tulio Cicerón, célebre escritor y filósofo romano del siglo I a.C. La casa cural era un lugar en el que confluían las más diversas manifestaciones del arte, en especial, la música, ya que tenía una modesta orquesta a su servicio y disfrutaba interpretando el violín.

¡Ah! Pero era también un hábil empresario. Tenía, en conjunto con sus hermanos, 5 haciendas y había emprendido la creación de pequeñas industrias en beneficio de los campesinos y artesanos de su parroquia, en las que se practicaba la jarciería, la carpintería, la talabartería y la herrería. Y había emprendido, además, el cultivo de la vid y la elaboración de vinos de aceptable calidad, así como la producción de finas ropas de seda, que artesanos de su pueblo fabricaban a partir de sus propias moreras.

Era también un hábil jugador de naipes y disfrutaba de organizar gratas tertulias en su casa, acompañado de distinguidas damas criollas del poblado de Dolores.

Un vuelco en su vida

En fin, este excepcional hombre, de 58 años de edad, que gozaba de gran prestigio en su parroquia, vio de pronto truncada su pacífica vida de trabajo y de intensa convivencia con la gente de su pueblo, cuando en el año de 1810, probablemente en el mes de septiembre, fue invitado por el Capitán de Dragones de la Reina, Ignacio Allende, a participar en una conspiración libertaria, que se fraguaba en la casa del Corregidor de la Intendencia de Querétaro, don Miguel Domínguez. Los conspiradores pretendían reunir un ejército de soldados y oficiales criollos, que desertarían de las tropas realistas para luchar por la Independencia.

Pero, ¿por qué invitar a un cura de pueblo a un asunto que era competencia de hombres de la milicia y de la política? Bueno, porque era necesario contar con un hombre que representara a la santa iglesia e inspirara confianza en los campesinos, artesanos, rancheros y hacendados, que habrían de apoyar a tan noble movimiento.

Pero sucedió, que un día del mes de septiembre, la conspiración fue delatada, por lo que las autoridades virreinales se aprestaban a arrestar a los participantes en ella. Es así que el 15 de septiembre, don Ignacio Allende acudió a la casa del cura de Dolores para avisarle lo sucedido. En la madrugada del día 16, Allende, Hidalgo y un grupo de simpatizantes de la causa libertaria, discutían qué hacer ante situación tan crítica. Allende opinaba que había que huir hacia el Norte y esperar un mejor momento para iniciar la lucha, toda vez que no contaban todavía con la fuerza militar requerida para ello.

Pero en algún momento de la discusión, don Miguel Hidalgo tomó una arrebatada decisión, que habría de cambiar en definitiva el curso de la historia. Ante la sorpresa del capitán Allende y de los presentes, Hidalgo tomó la decisión de emprender la insurrección, convocando a los habitantes del pueblo de Dolores a integrar el primer ejército insurgente, cuyos soldados serían campesinos y artesanos, que combatirían con lanzas y machetes, en lugar de fusiles y cañones.

Se dirigió enseguida a liberar a los presos de la cárcel y a convocar al pueblo haciendo sonar las campanas de su parroquia. Así fue como don Miguel Hidalgo emprendió la primera etapa de la guerra de Independencia.

Iluminado y audaz

Este golpe de audacia, posicionó a Hidalgo en el máximo liderazgo del movimiento libertario. Liderazgo, que en otras circunstancias, hubiera recaído en el capitán Ignacio Allende, por haber sido el organizador de la conspiración y por su experiencia militar.

En unas cuantas semanas, este cura iluminado y audaz, portando un improvisado estandarte con la imagen de la virgen de Guadalupe, que era la patrona de los habitantes de la Nueva España, logró reunir un ejército de cerca de 80,000 hombres que derrotó a las fuerzas realistas en batallas diversas y puso en jaque al poder virreinal con un ejército popular.

Sin embargo, enero de 1811, el improvisado ejército de don Miguel fue definitivamente derrotado en la batalla de Puente de Calderón y, posteriormente, Hidalgo, Allende y los principales dirigentes fueron capturados, juzgados y fusilados. Tendrían que pasar más de 10 años después de la muerte de Hidalgo, para que el movimiento de independencia triunfara y se consumara la independencia.

Más de nuestro personaje

Pues bien, como ustedes han podido constatar en este relato, don Miguel Hidalgo y Costilla fue ciertamente un cura poco común, diestro en los juegos de naipes, apasionado del teatro, del violín y de los poemas de Racine, que nos concedió a los mexicanos el honor de contar con un héroe de carne y hueso, con virtudes y defectos, con el cual nos podemos identificar: caballero de espíritu quijotesco, justiciero, enamorado y bohemio, rebelde e irreverente, astuto y burlón, quien tuvo el valor y la virtud de soñar con una sociedad justa y de sentir y amar al pueblo, encabezando el movimiento que dio origen a nuestra patria.


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Hidalgo, la historia jamás contada. Película. 2010.

Disponible en Youtube.

Hidalgo. Maestro, párroco, insurgente. Libro.

Autor: Carlos Herrejón Peredo.

Editorial Clío. 2011.